Competencia Pedagógica

Desde la perspectiva de la educación del siglo XXI nos enfrentamos a una sociedad donde los niños y jóvenes nos reclaman nuevas formas de enseñanza y aprendizaje, nuevos escenarios y respuestas más adecuadas a este contexto socio cultural que estamos viviendo. Nuestros alumnos son hijos de nuevos lenguajes y situaciones, y esta sociedad del conocimiento, del 3.0 que ha desbancado por completo a aquella época industrializada, debe dar lugar a una enseñanza para la comprensión, en la que los alumnos puedan desarrollar la habilidad de pensar y de actuar a partir de lo que ya saben, incorporando nuevos saberes y con la capacidad de flexibilidad y adaptación (Perkins, 1999).

Los educadores debemos desarrollar un conjunto de habilidades y actitudes específicas para conseguir dar respuesta a estas necesidades sociales.

Se inicia, por tanto, un proceso que desarrolle el protagonismo en el aprendizaje y se hace imprescindible que los maestros seamos “coachers” que van apoyando los caminos que se recorran. Nuestras aulas deben reconvertirse − si queremos dar respuesta proactiva a esta generación − en auténticos laboratorios de experiencias educativas cuyo humus sea ese ejercicio constante de aprender a aprender como actitud frente a la vida y a esta sociedad nueva que está emergiendo Esta habilidad de aprender a aprender nos capacita para estar en un constante proceso de crecimiento personal, donde la metacognición es la protagonista en cada uno de nuestros alumnos y profesionales.

Nuestra propuesta pedagógica quiere dar una respuesta al nuevo contexto educativo y a la realidad socio cultural. Desde la Fundación Educación y Evangelio definimos las líneas estratégicas de la competencia pedagógica desde un paradigma pedagógico concreto y en nuestro caso el origen del mismo será la “Enseñanza para la Comprensión”.

Desde esta Enseñanza para la Comprensión pretendemos que nuestros alumnos desarrollen y entrenen las habilidades necesarias para ser pensadores autónomos y críticos, capaces de generar hipótesis y retos que nos permitan avanzar y a su vez sean resolutivos y creativos en sus distintas intervenciones. Sólo desde el conocimiento y la profundización que generemos en ellos mismos sobre cómo aprenden y en qué mundo vivimos y en el que deseamos vivir conseguiremos que tengan autonomía en sus convicciones y una productividad que trascienda a ellos mismos y busque el bien común. La Enseñanza para la Comprensión supone un conocimiento activo, que se recuerda siempre y se transfiere a nuevos contextos.

En el diseño de este proyecto pedagógico, siempre dirigido a mejorar la calidad educativa, encontramos el espacio relevante para la innovación, entendida como una búsqueda constante en la mejora del desempeño docente, de los procesos de aprendizaje y no una artificiosidad metodológica e inconexa según las modas del momento.